Todos tenemos que tomar decisiones; no hay forma de evitarlo. En todos los ámbitos, sea una u otra la razón que nos motiva, parece obvio que intentemos decidir lógica y racionalmente en lugar de confiar en la suerte.
Más sin embargo, es inevitable cometer errores cada vez con mucho mayor frecuencia. Ello ocurre como consecuencia de las escasas posibilidades de disponer de todos los elementos de juicio que permitan ser asertivo y porque además no tenemos la suficiente preparación personal que se requiere.
Si lo anterior es válido bajo el prisma del sentido común, imaginemos ahora la complejidad que presenta dirigir los destinos de una compañía o grupo de empresas, en un mundo donde los sucesos tecnológicos, complicaciones macroeconómicas de diversos países y quizás cuantos otros efectos deban ser considerados a la hora de establecer el rumbo que determinara los resultados: ganancias o pérdidas.
Por ello es que los esfuerzos empresariales no sólo deben concentrarse al interior de sus negocios. Recoger experiencias, intercambiar ideas y opiniones y, por sobre todo instruirse formalmente es un deber ineludible.
Si, "formalizar" sus procesos de toma de decisiones es la obligación. Tal como lo afirma un miembro del Consejo de Seguridad Nuclear de U.S.A., "LA OBLIGACION DE DECIDIR NOS DA EL BUENOS DIAS TODAS LAS MAÑANAS Y NUNCA DESCANSA". Pero esta formalidad no ocurre en las compañías de propiedad familiar. Todo se hace improvisadamente. Lo mejor que puede ocurrir es que los integrantes del equipo de familia se reúnan para recabar las opiniones individuales y entonces surge el humo blanco, con la convicción evidente que lo acordado es y será la mejor formula para custodiar e incrementar el valor del patrimonio familiar.
No olvidemos que además todas las personas somos diferentes. Hay empresarios que lo prueban todo: son precipitados y atrevidos; por eso los novelistas suelen proteger al héroe inconsciente de sus osadías, permitiéndole saltar desde cualquier altura y ponerse en pie sin un rasguño. La conclusión es que la realidad es mucho menos benévola. Hay otros empresarios que viven en la agonía de la indecisión perpetua, encogidos y atemorizados, sin lograr nada digno de mención en sus vidas. También hay quienes solo toman decisiones extremadamente conservadoras, evitando a toda costa posibles errores. Estos son los que no llegan a ninguna parte.
Finalmente el proceso va resultando mucho más árido cuando la cantidad de miembros integrantes de una familia es numeroso. Ahí habrá ganadores y perdedores. También a la postre serán varios los que desearan cosechar los frutos de una buena decisión y ninguno querrá cargar con los problemas de las malas decisiones.
Entonces la receta del formulario magistral es:
1. Instruirse formal y continuamente como paso obligatorio para evitar en mayor medida los relatos anteriores.
2. Generar los modelos de conocimiento y madurez para ser lo mas objetivo posible.
2. Reconocer que sólo concentrarse en el negocio hoy es la peor de las fórmulas para hacerlo progresar de cara al futuro.
EQUITY® S.A.
JORGE A. YUNIS J.
Fundador y Presidente Ejecutivo
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