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¿EMPRESA VIEJA O EMPRESA NUEVA?

 

Se dice que una empresa es vieja cuando pierde flexibilidad. Al igual que los humanos, una compañía puede hacerse rígida y resistente a cambiar sus conceptos y prácticas, ya que le "han funcionado toda la vida". Lo interesante es que hay empresas viejas de todas las edades.

La clave para no perder flexibilidad es el aprendizaje continuo. Senge, consultor y autor estadounidense, acuñó el termino de "organización que aprende" y de ahí se ha desencadenado un movimiento hacia lo que también se conoce como "capital intelectual".

Edgar Schoen, catedrático, describe una serie de características y hábitos que las empresas desarrollan y que pueden fomentar o destruir el aprendizaje y la creación de conocimiento.

Una empresa vieja separa, secciona y se enfoca en lo tangible. Le da toda la predominancia a medidas tradicionales como utilidades, inventario, datos, producción, competencia ,etc.
Las empresas modernas además se orientan a la parte "soft" e intangible, como las relaciones interpersonales, la moral del equipo y la lealtad de empleados y clientes.
La empresa joven se integra y armoniza con lo intangible.

Una empresa vieja se enfoca a los sistemas en lugar de a la gente. Es más, para algunos directores, la empresa perfecta sería la que fuera operada nada más con robots, porque la gente se percibe como un problema. La teoría de Douglas Mc Gregor es la preferida porque afirma que la gente es floja e irresponsable por naturaleza. Sin embargo, la empresa moderna, cree en la gente; invierte en ella, le apuesta y espera lo mejor de ella.

Una empresa vieja cree que la gente cambia como una reacción al medio ambiente y como una respuesta a la inevitabilidad de las circunstancias. La competencia, las variables externas se imponen y nada más queda reaccionar. Por el contrario, la empresa moderna fomenta el cambio y es proactiva. Su lema es: "Somos responsables de nuestros pensamientos, sentimientos, acciones y de sus consecuencias"

Una empresa vieja controla, presiona y trae la gente a raya. Se preocupa por el corto plazo y la adaptabilidad a la circunstancia inmediata. La empresa moderna acepta que sus empleados tengan algo de tiempo libre. Le gusta la gente creativa y que explore nuevos caminos. Quizás el ejemplo más conocido es el de 3M, reconocida por su grado de innovación, que espera de su gente que invierta en promedio 15% de su tiempo en proyectos "raros" y personales.

Una empresa vieja se rige por funciones aisladas, como si la organización fuera más una versión mecánica que orgánica. La función de finanzas ve el punto de finanzas y ya. La función de mercadotecnia se le asigna un departamento y todas las áreas se lavan las manos de la parte comercial. La compensación se paga diferente y se mide diferente por departamento. Hay paredes entre áreas de y aparecen feudos de poder. Si finanzas domina, se afecta a ventas; si ventas domina, se afecta a administración; si producción domina, se afecta a ventas.

La empresa moderna reconoce que todas las actividades están conectadas y que forman parte de un sistema orgánico. La resolución de problemas y la detección de oportunidades se hacen de manera rápida y es común ver equipos interdisciplinarios en acción.

La empresa vieja restringe el flujo de información. Abundan los inseguros que ocultan la información y la manejan como un arma política. Este tipo de empresa diseña su flujo de datos para que no circule libremente y fomente cierto caos de información.

La empresa nueva favorece la comunicación en todos los sentidos. La teoría de Open Management Book sostiene que todos los empleados deben conocer y saber interpretar un estado de resultados, un flujo de efectivo y un balance general. No hay secretos. Todo se sabe, todo mundo está enterado y, por ende, todo el personal sabe hacia dónde ir.

La empresa vieja cree en la competencia individual. La vieja fórmula de poner a dos o más ejecutivos en competencia directa puede degenerar en rivalidad. Este esquema ya es obsoleto. Le resulta caro a la compañía y se afecta seriamente el desempeño en lo que dura la lucha, muchas veces años.
La empresa moderna comparte un sentimiento de equipo y unifica el criterio de que el enemigo es el competidor que está en la calle. La cooperación y la confianza es la parte fundamental del crecimiento.

La empresa vieja tiene a jefes controladores. Tanto jefes como subordinados requieren del jefe dominador, decisivo, invulnerable. Este es el jefe - macho que siempre sabe todo y que nunca se equivoca.
La empresa moderna tiene jefes accesibles que reconocen su propia vulnerabilidad, piden ayuda y solicitan ideas. Son como profesores y estudiantes eternos.

La empresa vieja se obsesiona hacia adentro. Se "clava" en aspectos como reingeniería, políticas de personal, planes de compensación, equipos de oficina, seguridad, etc.
La empresa moderna se obsesiona y se rige por el mercado, además de estar conectada con el mundo exterior. Tomar decisiones desde el escritorio es sumamente peligroso.

Finalmente la tarea de juzgar y clasificar a una empresa como vieja a nadie le corresponde. Si, acaso, la única figura calificada para hacerlo sigue siendo el cliente. Nada como el mercado para recompensar o castigar a la administración de una compañía.

JORGE A. YUNIS JACIR
Fundador EQUITY S.A. - Ingenieros Consultores, Director Académico, Programa Fortalecimiento Empresas Familiares de la Escuela de Administración, UC.
Profesor, The Euromoney Intitute of Finance, Londres.
 
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